Amaicha

“Hace mucho tiempo en una montaña tucumana, un campesino de Amaicha me dio una lección inolvidable. (…) tarareaba despacio un aire de baguala. Yo acerqué mi caballo al suyo y él calló, dejó de cantar. Le pedí que cantara y cometí el error de alabarlo: “cante señor”, le dije, “siga cantando que está cantando lindo”, y el hombre me miró sonriendo y me dice: “por favor no se chancee, no se burle de mí señor, yo canto fiero pero lo lindo de mi canto lo pone el cerro, lo pone la montaña. Ahora yo, yo canto feo señor, lo bello lo pone la montaña”. Atahualpa Yupanqui.

 

 

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